Modelos surrogados entrenados con salidas de simuladores físicos redujeron órdenes de magnitud el coste de escenarios climáticos y de diseño de materiales.
La validación contra leyes de conservación y datos observacionales es crítica: un emulador rápido pero sesgado puede engañar políticas.
AI for science se institucionalizó en labs nacionales y big tech con métricas de impacto físico, no solo de chat.