En 1982, el Ministerio de Comercio Internacional e Industria de Japón (MITI) lanzó el Fifth Generation Computer Systems Project, con ICOT, apostando por Prolog, paralelismo y bases de conocimiento.
Occidente reaccionó con alarma competitiva; surgieron iniciativas en EE.UU. y Europa. El proyecto produjo investigación valiosa en lógica y paralelismo, pero no el salto comercial prometido.
Al cerrarse hacia 1992, coincidió con el segundo invierno de la IA. Quedó la lección: una arquitectura favorita no garantiza dominio del mercado si faltan datos, interfaces y casos de uso rentables.