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OpenAI bloquea cuentas rusas e iraníes que usaban ChatGPT en campañas de influencia en Latinoamérica y Occidente

OpenAI informó el 8 de octubre de que cerró cuentas rusas que usaban ChatGPT para redactar informes internos sobre operaciones en Latinoamérica, incluida una suplantación en Perú, y cuentas iraníes que crearon siete autores falsos y colocaron casi cien artículos en medios.

OpenAI bloquea cuentas rusas e iraníes que usaban ChatGPT en campañas de influencia en Latinoamérica y Occidente

OpenAI publicó el jueves 8 de octubre de 2026 un informe en su blog en el que explica que bloqueó cuentas rusas e iraníes que usaban sus herramientas de inteligencia artificial para apoyar operaciones de influencia en varios países. Según la información recogida por NPR, los propios operadores aseguraban en sus documentos internos que habían conseguido colocar narrativas falsas en medios de comunicación y, en un caso, provocar la reacción de un miembro del Parlamento Europeo.

Lo más llamativo del caso ruso es el uso que se hacía de ChatGPT. De acuerdo con OpenAI, las cuentas se dedicaban sobre todo a redactar informes para superiores no identificados en los que detallaban su trabajo. Esa práctica, pensada para ahorrar esfuerzo burocrático, terminó proporcionando a la empresa una visión inusual de campañas que hasta ahora no se habían atribuido a Rusia. La generación de material falso con IA fue, según la compañía, una parte minoritaria de la carga de trabajo.

Las operaciones rusas se dirigían a países de América Latina y parecían orientadas a erosionar el apoyo a Ucrania y a influir en la política local. OpenAI afirmó que uno de esos informes describía la operación de influencia de mayor alcance que la empresa ha encontrado hasta ahora, precisamente porque desembocó en una respuesta pública de una figura política.

Según el relato de los propios operadores, el grupo suplantó a una autoridad educativa regional en Perú y logró que algunas escuelas organizaran actividades sobre Ucrania en las que aparecía Stepán Bandera. Bandera es una figura controvertida: admirado por los nacionalistas por encabezar un impulso independentista ucraniano antes y durante la Segunda Guerra Mundial, es rechazado por otros, también en Polonia, porque su movimiento se alió con los nazis y mató a polacos y judíos. El medio peruano Extra informó de que uno de esos actos llegó a celebrarse en un colegio.

La cadena no se detuvo en Perú. Una noticia publicada en Polonia sobre el acto escolar llevó a un eurodiputado polaco de extrema derecha a sugerir que se prohibiera la entrada a personas que declararan su apoyo a Bandera. «La falsificación rusa se alimentó de las tensiones históricas entre ucranianos y polacos y, a la vez, las alimentó», escribió OpenAI en su informe, según la cita recogida por NPR.

Los memorandos internos generados con ChatGPT también afirmaban que los operadores dirigían un falso centro de estudios en América Latina y que habían reclutado a investigadores que no sabían para quién trabajaban, con el encargo de entrevistar a expertos y redactar informes. OpenAI señaló que ese esfuerzo se parecía a una operación rusa de 2020 que se hizo pasar por un medio independiente vinculado a la Internet Research Agency del fallecido oligarca Yevgueni Prigozhin, implicada en los intentos de influir en las elecciones estadounidenses de 2016.

OpenAI añadió un matiz importante: en otros casos, los operadores rusos se atribuyeron acontecimientos de los que no eran responsables. Es decir, los informes internos no son necesariamente un registro fiel de lo que lograron, sino también una forma de presentar resultados ante sus jefes. La empresa investigó el impacto de las distintas campañas y concluyó que las que buscaban colocar narrativas falsas en medios establecidos parecían haber llegado a más público que las basadas en cuentas falsas en redes sociales.

Darren Linvill, codirector del Media Forensics Hub del Watt Family Innovation Center de la Universidad de Clemson, explicó a NPR que los rusos se dedican de forma constante a este tipo de «medidas activas»: lavado de narrativas, historias falsas y personajes inventados para crear o difundir propaganda alineada con la visión y la agenda política de Rusia. Sobre el uso de la IA, resumió: los subordinados rusos intentaban usarla como atajo para trabajar menos, igual que muchas personas, «pero en este caso les ayudó a que los atraparan».

La operación iraní funcionaba de otra manera. Sus cuentas usaban la IA para producir contenidos en persa y en inglés, centrados sobre todo en la guerra entre Estados Unidos e Irán y, en menor medida, en la política estadounidense. OpenAI indicó que la actividad «parecía coherente con un actor comercial que dirige una campaña de influencia por encargo», aunque no pudo identificar quién estaba detrás.

Según la empresa, las cuentas iraníes crearon siete autores ficticios que proponían y pulían artículos largos para medios pequeños de todo el mundo, y llegaron a publicar casi cien textos de esa manera. Entre los medios figuran la sección comunitaria del sitio progresista estadounidense Daily Kos y el británico Middle East Monitor. De acuerdo con NBC News, Middle East Monitor publicó al menos 21 artículos firmados por cuatro de esos autores falsos.

Daily Kos respondió a NPR que su sección comunitaria, en la que publicó uno de los personajes falsos, está separada de la información de su redacción: cualquiera puede registrarse y las publicaciones no se revisan antes de aparecer, aunque las normas prohíben hacerse pasar por otra persona. Por parte de Middle East Monitor, Nasim Ahmed escribió que las operaciones de influencia cada vez más sofisticadas y apoyadas en IA plantean desafíos a todo el sector, y que el medio está revisando su proceso de recepción de textos y reforzando sus salvaguardas editoriales.

Para Linvill, el valor de la IA para los iraníes fue más allá del ahorro de tiempo: les ayudó a crear un lenguaje que parecía y se leía como auténtico, hasta el punto de que medios legítimos lo publicaron. Según el investigador, hace unos años una operación iraní de este tipo habría tenido muchas más dificultades para lograrlo. Es una advertencia directa para redacciones con pocos recursos que aceptan colaboraciones externas.

El caso ilustra las dos caras de la IA en el terreno de la desinformación. Por un lado, los modelos facilitan escribir con fluidez en otros idiomas y producir textos verosímiles a escala. Por otro, el hecho de que esos actores utilicen servicios comerciales deja rastros que las empresas pueden detectar y analizar. Informes como este también ofrecen a investigadores y periodistas pistas para identificar campañas que, de otro modo, pasarían desapercibidas.

En resumen, OpenAI ha documentado cómo operadores rusos usaron ChatGPT casi como una herramienta de oficina para rendir cuentas de campañas en América Latina, mientras que una red iraní lo empleó para fabricar autores y colocar artículos en medios reales. Las cifras y los éxitos que aparecen en los informes internos deben leerse con cautela, porque los propios operadores exageraban, pero el episodio confirma que la verificación de colaboradores y fuentes se ha vuelto una tarea central para cualquier medio.