A mediados de los 70, el informe Lighthill (Reino Unido, 1973) y recortes en agencias estadounidenses golpearon la financiación de la IA. El contraste entre demos limitadas y promesas de traducción automática o robots generales era insostenible.
Problemas de escalabilidad —explosión combinatoria en búsqueda, fragilidad del conocimiento manual— se volvieron evidentes. Proyectos de visión y lenguaje natural avanzaban más lento de lo anunciado.
El “invierno” no detuvo toda la investigación, pero sí cambió incentivos: más foco en aplicaciones acotadas y menos en AGI a corto plazo. El patrón promesa–decepción se repetiría en los 80–90.