En 2024–2025, utilities y hyperscalers reportaron picos de demanda ligados a GPUs. Proyectos de nucleares pequeños, gas y renovables se ataron a campuses de IA.
La eficiencia de chips y de algoritmos (MoE, cuantización) se volvió variable climática y financiera. Comunidades locales debatieron agua y tierra.
La historia de la IA dejó de ser solo software: es también geografía energética.