La carrera por el asistente personal de IA definitivo sumó esta semana dos competidores que eligen la privacidad como argumento principal. El martes 6 de octubre de 2026, la startup Hark lanzó de forma amplia Hark Pro. Un día antes, el lunes 5, el joven programador Sigil Wen abrió una beta por invitación de Underdog. TechCrunch dedicó sendos artículos a ambos lanzamientos y los situó en un mercado donde ya compiten productos como Muse, Instinct o Dots.
Hark fue fundada hace menos de un año por el emprendedor en serie Brett Adcock. Su servicio puede usarse gratis, con un nivel de suscripción para quienes lo utilicen de forma intensiva. Según TechCrunch, la empresa no se presenta como un laboratorio que busca la inteligencia artificial general ni curar el cáncer, sino como un constructor de interfaces para la IA. Su base es un modelo entrenado específicamente para el uso de ordenadores, y eso es lo que hace Hark Pro: usar el ordenador por el usuario.
La experiencia es a pantalla completa. Hark Pro muestra una especie de página de inicio con un cuadro de conversación central y un flujo de sugerencias de acciones que el usuario podría necesitar, además de pequeños paneles con datos de su interés. El fondo es una imagen personalizada según el tiempo y la hora local. Como otros asistentes, el usuario le da acceso a su correo, calendario, disco duro o tarjetas de crédito para que pueda ejecutar tareas digitales y responder preguntas.
Abidur Chowdhury, antiguo diseñador de Apple que dirige el diseño en Hark, hizo una demostración para TechCrunch. El asistente le preguntó de forma proactiva por gastos pendientes de aprobar, correos sin responder y una reunión, y le ofreció reservar un vuelo. Chowdhury contó que le impresionó cuando el asistente detectó que un compañero debía renovar el registro de su coche en el DMV de California y completó el trámite en la web del organismo.
Una decisión de diseño destaca: Hark Pro muestra en una pequeña ventana cómo el agente navega por la web, algo que la mayoría de asistentes hacen sin enseñarlo. Según Chowdhury, el objetivo es generar confianza para que el usuario vea que el agente hace lo correcto. Esa transparencia forma parte del mensaje comercial. «No estamos aquí para venderte anuncios y robarte los datos», dijo, en referencia a empresas como Meta u OpenAI.
Chowdhury defendió que Hark Pro aspira a sustituir por completo el uso del ordenador y que, a su juicio, funciona mejor que sus rivales. «Puede que no sea más rápido que Muse, pero te dará un mejor resultado y funcionará de principio a fin en lugar de pedirte que tomes el control en algún momento», aseguró. TechCrunch señala una duda razonable: un modelo entrenado solo para manejar el ordenador es más rápido y barato en esas tareas, pero no está claro cuánto sacrifica frente al conocimiento general de un modelo de frontera.
El software es solo la mitad de la apuesta. Hark promete lanzar en 2027 un dispositivo nativo para IA que acompañe a su software. La empresa no ha revelado su forma, aunque Chowdhury criticó el «factor inquietante» de las cámaras que se llevan puestas. «El primer producto que estamos construyendo es algo que nunca ha existido», afirmó. «Me parece muy gracioso que tengas IA, tengas un chatbot y escribas con un teclado. Cincuenta años después, el futuro de la informática sigue siendo una terminal».
Underdog parte de una idea más radical sobre la privacidad: todo funciona en el dispositivo. Su creador, Sigil Wen, se mudó a Silicon Valley a los 17 años y vivió en una casa de hackers de IA con el investigador Andrej Karpathy, según relató a TechCrunch. Hoy es becario Thiel, el programa del inversor Peter Thiel que anima a jóvenes fundadores a emprender en lugar de ir a la universidad. La startup detrás del producto se llama Conway Research.
El asistente funciona ahora en Mac y PC con Windows, y Wen promete versiones para Linux, iPhone y Android próximamente. Utiliza Husky, un motor de inferencia creado por el propio Wen para ejecutar modelos rápidamente en el hardware del usuario; según él, mueve menos datos entre el procesador principal y la gráfica que otros motores locales. Además, cifra las claves de acceso al correo y a otras cuentas que el usuario autoriza.
La contrapartida es el tamaño del modelo. Underdog usa un modelo de razonamiento de 27.000 millones de parámetros ajustado a partir de Qwen3.8-27B, mucho más pequeño que los grandes modelos alojados en centros de datos. Wen sostiene que se compara favorablemente con Claude Opus 4.6 en algunas pruebas, lo que hace seis meses se consideraba rendimiento de primer nivel, y que basta para tareas cotidianas como investigar compras o resolver deberes de matemáticas.
El modelo de negocio es lo más original. La aplicación será gratuita al principio y nunca tendrá publicidad. Como la IA se ejecuta en las máquinas del usuario, Underdog no paga a un proveedor por la inferencia. En su lugar, con el cofundador de Stripe Patrick Collison entre sus inversores, Wen planea cobrar un pequeño porcentaje de los pagos que el asistente realice a través de la infraestructura de Stripe, algo similar a una tasa de intercambio, sin necesidad de explotar los datos del usuario.
Conway Research cuenta con el respaldo de Andreessen Horowitz, a través de su socio Chris Dixon, Khosla Ventures, Hummingbird, SV Angel y el Anthology Fund, el fondo conjunto de Menlo Ventures y Anthropic. Entre sus inversores individuales figuran Guillermo Rauch, fundador de Vercel, Noam Brown y Deedy Das. «Quiero construir un producto del que estaría orgulloso que usaran mis futuros hijos», dijo Wen.
Ambos lanzamientos responden a la misma tensión. Para ser útil, un asistente personal necesita acceso a lo más íntimo de la vida digital: salud, finanzas, familia. TechCrunch recuerda que muchas políticas de privacidad del sector permiten recopilar datos que pueden venderse a anunciantes o usarse para entrenar otros modelos. Hark promete un uso centrado en tareas; Underdog va más allá y evita que los datos salgan del equipo.
En conclusión, Hark Pro y Underdog muestran dos caminos distintos para el mismo problema: confianza visible en la nube, en el caso de Hark, y privacidad por diseño en local, en el de Underdog. Ninguno de los dos ha demostrado aún su rendimiento frente a los gigantes, y sus afirmaciones proceden de los propios fundadores. Pero ambos convierten la privacidad en un argumento competitivo en un mercado donde los asistentes quieren hacerse cargo de nuestras tareas más personales.