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Un contratista vinculado a Super Micro se declara culpable de desviar a China servidores con chips de Nvidia

Ting-Wei «Willy» Sun, descrito por la fiscalía como el «arreglador» de un esquema que desvió unos 2.500 millones de dólares en servidores de IA con chips de Nvidia hacia China, se declaró culpable el 8 de octubre de 2026 en un tribunal federal de Manhattan.

Un contratista vinculado a Super Micro se declara culpable de desviar a China servidores con chips de Nvidia

Ting-Wei «Willy» Sun, un contratista vinculado al fabricante estadounidense de servidores Super Micro Computer, se declaró culpable el jueves 8 de octubre de 2026 ante un tribunal federal de Manhattan por su papel en un esquema para exportar ilegalmente a China servidores equipados con avanzados chips de inteligencia artificial de Nvidia. La declaración se conoció al día siguiente a través de un documento judicial, según informó Reuters.

Sun admitió cuatro cargos: conspiración para violar los controles de exportación de Estados Unidos, conspiración para contrabandear mercancías desde el país, conspiración para defraudar a Estados Unidos y obstrucción a la justicia. Según Bloomberg, se declaró culpable como parte de un acuerdo con la fiscalía. Su abogado declinó hacer comentarios.

El caso se remonta al 19 de marzo de 2026, cuando el Departamento de Justicia hizo pública una acusación contra tres personas: Yih-Shyan «Wally» Liaw, cofundador de Super Micro en 1993 y miembro de su consejo desde 2023; Ruei-Tsang «Steven» Chang, responsable de la oficina de la empresa en Taiwán; y el propio Sun, al que la acusación describe como un intermediario y «arreglador» externo. Liaw y Sun fueron detenidos entonces; Chang sigue prófugo, según el Departamento de Justicia.

Según la acusación, el esquema funcionaba así. Liaw y Chang, en coordinación con intermediarios que tenían clientes en China, pedían a directivos de una empresa del sudeste asiático, identificada como «Compañía-1», que hiciera pedidos de servidores con determinados procesadores gráficos, supuestamente para uso propio. Los equipos, a menudo ensamblados en Estados Unidos, se enviaban a las instalaciones del fabricante en Taiwán y después a la Compañía-1, que con ayuda de una empresa logística los reempaquetaba en cajas sin marcas y los enviaba a China.

Para que el fabricante aprobara internamente esos pedidos, los implicados prepararon documentos falsos que presentaban a la Compañía-1 como usuaria final de los servidores. Entre 2024 y 2025, esa empresa compró unos 2.500 millones de dólares en servidores, y la fiscalía sostiene que el esquema se volvió cada vez más descarado. Solo entre finales de abril y mediados de mayo de 2025, al menos unos 510 millones de dólares en servidores ensamblados en Estados Unidos acabaron en China en violación de la ley.

El episodio más llamativo de la acusación es el de los servidores falsos. Para engañar al equipo de cumplimiento normativo del fabricante, los acusados habrían colocado miles de réplicas no funcionales de servidores en los almacenes donde la Compañía-1 decía guardar los equipos comprados, mientras los reales ya estaban en China. Esas réplicas se usaron en una auditoría interna de agosto de 2025 y, más tarde, para intentar superar una inspección del Departamento de Comercio.

Según el Departamento de Justicia, antes de esa inspección Sun y otro intermediario desembalaron los servidores falsos, usaron un secador de pelo para despegar y pegar etiquetas y números de serie, y volvieron a empaquetarlos en cajas del fabricante. Las cámaras de vigilancia grabaron su trabajo. Reuters añade, citando la acusación, que Sun ayudó a preparar esos equipos en diciembre de 2025 e hizo declaraciones falsas a un funcionario de Comercio durante la inspección.

Los chips implicados son los procesadores gráficos B200, H100 y H200 de Nvidia, sujetos a restricciones de exportación. Washington limita la venta a China de los chips de inteligencia artificial más avanzados por motivos de seguridad nacional, al considerar que su capacidad de cálculo puede contribuir de forma significativa al potencial militar de otros países. En ningún momento, según la fiscalía, los acusados ni el fabricante tuvieron licencia para exportar esos servidores a China.

Super Micro, con sede en California, se remitió a declaraciones anteriores en las que subrayaba que la empresa no figura como acusada y que el caso no ha afectado a sus operaciones. La compañía despidió a Sun y cortó lazos con los demás acusados a principios de este año. El abogado de Liaw no respondió de inmediato a las peticiones de comentarios, y no fue posible contactar con el de Chang.

Cuando se presentó la acusación, el fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, Jay Clayton, afirmó que los acusados actuaron mediante «una enmarañada red de mentiras, ofuscación y ocultación» para impulsar ventas en violación de la ley. El fiscal general adjunto para Seguridad Nacional, John A. Eisenberg, sostuvo que estos chips son «producto del ingenio estadounidense» y que su departamento seguirá aplicando las leyes de control de exportaciones para proteger esa ventaja.

Los cargos de la acusación original contemplan penas máximas de 20 años de prisión por conspirar para violar la Ley de Reforma del Control de Exportaciones y de cinco años por cada uno de los cargos de contrabando y fraude, aunque la condena final la decidirá un juez. Liaw y Chang siguen siendo inocentes mientras no se demuestre lo contrario. La declaración de culpabilidad de Sun, descrito como pieza clave en la logística del esquema, podría tener peso en el resto del proceso.

El caso se enmarca en la competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial, en la que ambos países invierten miles de millones de dólares. Los controles de exportación de chips son una de las principales herramientas de Washington para frenar el avance chino, y el contrabando a través de terceros países se ha convertido en su punto débil. No es un caso aislado: en los últimos meses la justicia estadounidense ha presentado otros cargos por contrabando de chips de Nvidia hacia China.

Para la industria, el episodio es una advertencia sobre la dificultad de controlar el destino final de un hardware muy demandado que pasa por varias manos y países. Los fabricantes se ven obligados a reforzar sus controles internos, mientras los reguladores buscan nuevas formas de verificación. La declaración de culpabilidad de Sun demuestra que estas investigaciones pueden llegar lejos, pero también que, durante meses, servidores por valor de miles de millones de dólares lograron cruzar las fronteras sin ser detectados.