En notas de 1843 sobre el Motor Analítico de Charles Babbage, Augusta Ada King, condesa de Lovelace, detalló un método para calcular números de Bernoulli —a menudo citado como el primer algoritmo publicado para una máquina de propósito general.
Más importante aún: Lovelace argumentó que la máquina podría manipular símbolos más allá de números, anticipando la idea de computación general. También advirtió límites: la máquina sigue reglas; no “origina” por sí misma.
Esa tensión —poder simbólico versus origen de la creatividad— reaparece en debates modernos sobre IA generativa. Lovelace es hoy figura fundacional tanto de la programación como de la filosofía de la inteligencia artificial.