En el Congreso Internacional de Matemáticos de 1928, David Hilbert formuló el Entscheidungsproblem: ¿existe un algoritmo que, dada una fórmula de la lógica de primer orden, decida si es válida? Era el clímax de su programa formalista.
La pregunta forzó a definir con rigor qué es un “procedimiento efectivo”. Esa definición —aún no cuajada en 1928— llegó con Church y Turing hacia 1936 y demostró que no hay tal decisor universal.
Para la historia de la IA, el episodio importa porque convierte el razonamiento en objeto de estudio algorítmico: primero hay que fijar el modelo de cómputo; después se puede preguntar qué problemas son decidibles o aprendibles.