Gottfried Wilhelm Leibniz (1646–1716) propuso la characteristica universalis y el calculus ratiocinator: un alfabeto de conceptos y un cálculo para resolver disputas “calculando”. Era una visión de razonamiento mecánico siglos antes de Turing.
Aunque no construyó una máquina completa de ese tipo, sí inventó una calculadora mecánica y conectó lógica, notación y automatización. Su programa influyó en la lógica algebraica y en la idea de que el lenguaje formal puede reducir ambigüedad.
En retrospectiva, el proyecto leibniziano se lee como un manifiesto proto-IA: si el razonamiento es cálculo, entonces puede ejecutarse en un artefacto. Esa intuición atraviesa desde Boole hasta Dartmouth.