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La UE propone el KIDS Act: compañeros de IA desactivados por defecto para menores

La propuesta de la Comisión del 17 de septiembre de 2026 exige que chatbots y compañeros de IA estén apagados por defecto para menores, prohíbe funciones adictivas o de dependencia emocional y refuerza el diseño seguro, con énfasis de Henna Virkkunen.

La UE propone el KIDS Act: compañeros de IA desactivados por defecto para menores

El 17 de septiembre de 2026, la Comisión Europea presentó la propuesta conocida como EU KIDS Act, un paquete orientado a un entorno digital más seguro para niños y adolescentes. Entre sus capítulos más discutidos figura el trato a compañeros de inteligencia artificial y chatbots conversacionales accesibles a menores: deben estar desactivados por defecto, no simular relaciones que generen dependencia emocional y evitar retener conversaciones infantiles entre sesiones de forma predeterminada.

La vicepresidenta ejecutiva Henna Virkkunen enmarcó la iniciativa en la lógica de seguridad por diseño. No se trata solo de avisos en letra pequeña tras el daño, sino de impedir que productos comerciales construyan hábitos adictivos o vínculos afectivos artificiales con usuarios que aún no tienen plena autonomía decisoria.

El texto propuesto distingue chatbots generales de compañeros diseñados para intimidad emocional. Ambos quedan bajo reglas estrictas cuando el público incluye menores: pruebas previas al lanzamiento, monitoreo posmercado y facilidad real para desactivar la función. Los chatbots embebidos en apps no podrían activarse solos ni promocionarse hacia niños.

Para menores de 13 años, el énfasis en controles parentales es aún más marcado. La propuesta no convierte a Europa en un espacio sin IA infantil, pero sí impone fricción deliberada: el adulto debe optar por activar, no el niño descubrir un compañero siempre encendido.

La industria de apps de compañeros virtuales —un mercado que creció con voz, avatares y memoria a largo plazo— lee el KIDS Act como un rediseño obligatorio de producto. Memoria persistente, gamificación de afecto y rachas diarias entran en la zona de riesgo regulatorio si se dirigen a menores.

El KIDS Act todavía no es ley. Debe negociarse en Parlamento y Consejo, un proceso que puede suavizar o endurecer umbrales de edad, definiciones de «compañero» y obligaciones de prueba. Lo que ya cambió el 17 de septiembre es la línea base política: Bruselas puso por escrito que la dependencia emocional mediada por IA es un daño infantilo-juvenil reconocible.

Juristas digitales señalan la interacción con el AI Act y con el DSA. El KIDS Act no sustituye obligaciones GPAI ni de plataformas de muy gran tamaño; añade una capa específica de protección de menores sobre productos conversacionales. Empresas deberán mapear qué régimen aplica a cada superficie.

Críticos temen sobrealcance: ¿un tutor educativo con tono amable cuenta como compañero emocional. Defensores responden que la propuesta apunta a funciones que cultivan apego y retención, no a cualquier interfaz de ayuda escolar. El texto final deberá afilar esas fronteras.

Para padres y escuelas, el mensaje práctico es dual. Por un lado, más herramientas legales para exigir productos apagados por defecto. Por otro, la responsabilidad de alfabetización digital no desaparece: un interruptor por defecto no educa sobre manipulación afectiva.

Virkkunen y el colegio de comisarios sitúan la medida en una secuencia de verano–otoño 2026 donde el AI Office ya envió primeras solicitudes de información y la opinión pública europea reacciona a casos de menores intensamente ligados a chatbots. El KIDS Act traduce esa ansiedad en articulado.

Empresas estadounidenses y asiáticas que operan en la UE tendrán que localizar experiencias: lo que funciona como compañero 24/7 en otros mercados puede requerir un modo «UE menores» radicalmente distinto. Esa fragmentación de producto ya es coste de cumplimiento, no hipótesis.

Neural Pulse resume el núcleo verificable: propuesta del 17 de septiembre, off-by-default para compañeros/chatbots dirigidos a menores, ban de rasgos adictivos/dependencia emocional, y énfasis de Virkkunen en safety-by-design. Todo lo demás —calendario legislativo exacto, enmiendas— sigue abierto.

La implicación para product managers es inmediata: auditen funnels de onboarding infantil, borren retención de chat por defecto y documenten pruebas de no-adicción antes de que el trilogo fije sanciones.

Si el KIDS Act sobrevive con dientes, Europa habrá definido un estándar exportable: la IA conversacional para menores no se presume beneficiosa; se presume riesgosa hasta prueba de diseño seguro.