Elon Musk, consejero delegado y principal accionista de SpaceX, ha decidido cambiar el nombre de la división de inteligencia artificial de la compañía. Según informó El País el 5 de octubre de 2026, SpaceXAI pasará a llamarse SpaceXSI, de «superinteligencia». Musk lo confirmó en una publicación en X, en respuesta a un usuario de la red social: «Sí, haremos ese cambio». En otro mensaje añadió: «Ya no más IA. SI, es mejor».
El cambio responde a la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump, titulada en español «Inaugurando la Era de la Superinteligencia», que ordena sustituir el término «inteligencia artificial» por «superinteligencia» en las comunicaciones del gobierno federal. Según la Casa Blanca, la palabra «artificial» hace que la tecnología suene como una copia del pensamiento humano, mientras que el nuevo término reflejaría mejor sus capacidades.
La orden se aplica a comunicaciones públicas, sitios web gubernamentales e informes oficiales. Las referencias a leyes aprobadas por el Congreso quedan exentas hasta que el poder legislativo apruebe las enmiendas correspondientes. Es decir, se trata de una medida de lenguaje institucional, no de un cambio en la definición legal de la IA en la legislación estadounidense.
El contexto político es clave. La orden llegó el mismo día en que Trump recibió en la Casa Blanca a los máximos responsables de las principales empresas de IA para un almuerzo de trabajo. Al término del encuentro, el presidente firmó junto a Sundar Pichai (Google), Elon Musk, Dario Amodei (Anthropic), Mark Zuckerberg (Meta), Jensen Huang (Nvidia) y Greg Brockman (OpenAI) un acuerdo voluntario para reforzar la seguridad del sector mediante controles internos, evaluaciones de riesgo y revisiones externas.
Días después, el domingo 4 de octubre, Trump anunció la creación de la Fuerza de la Superinteligencia, un comité de coordinación dentro de la Casa Blanca y el gobierno federal que, según El País, rendirá cuentas directamente ante él y su jefa de gabinete, Susie Wiles. El rebautizo de SpaceXAI encaja en esa ofensiva de la administración para cambiar el relato sobre la IA en un momento de creciente desconfianza ciudadana.
Xataka describió esa estrategia como un intento de resolver la crisis de confianza que atraviesa la industria tras varios incidentes protagonizados por modelos de frontera, como el ataque a Hugging Face, y el debate sobre riesgos existenciales. Desterrar el adjetivo «artificial» y añadir el prefijo «super» busca sustituir la inquietud por una percepción más ambiciosa de la tecnología.
Para Musk, los cambios de marca no son nuevos. SpaceXAI se creó en julio, poco después de la salida a Bolsa de SpaceX. La startup xAI, fundada por Musk en 2023, había sido adquirida por SpaceX en febrero en una operación valorada en 1,25 billones de dólares que consolidó ambas compañías. Antes, en marzo de 2025, xAI había absorbido X Corp., la antigua Twitter. El paso a SpaceXSI supone así el segundo gran cambio de identidad de la división en pocos meses.
La operación también afecta a los inversores. SpaceX salió a Bolsa en el Nasdaq con el ticker SPCX el 12 de junio, captando 75.000 millones de dólares con una valoración de 1,77 billones. Un cambio de nombre en una división de ese tamaño implica actualizar marcas, contratos y comunicaciones, aunque por ahora no se han detallado plazos ni costes.
El gesto refuerza además la relación de Musk con la administración Trump. Durante este mandato, el modelo Grok, desarrollado por xAI, fue contratado para distintos proyectos del gobierno de Estados Unidos, mientras el empresario ejerció en 2025 como asesor especial del presidente.
La decisión conecta con una idea que Musk defiende desde hace años: que la tecnología de vanguardia va mucho más allá de la IA básica. Mucho antes de que los chatbots se popularizaran, respaldó y contribuyó a difundir el libro de Nick Bostrom de 2014 «Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias», que advertía de que una superinteligencia incontrolable podría ser más peligrosa que las armas nucleares.
Ahí aparece una paradoja. En el debate técnico, «superinteligencia» designa sistemas hipotéticos que superarían ampliamente a los humanos en casi todas las tareas, y suele asociarse a riesgos extremos. Usarla como sinónimo comercial y gubernamental de la IA actual puede generar confusión entre el público y difuminar la diferencia entre las herramientas disponibles hoy y los escenarios que preocupan a investigadores de seguridad.
Queda por ver si otras empresas siguen el ejemplo. Por ahora, ningún otro gran laboratorio ha anunciado cambios de nombre similares, y la orden solo obliga a las comunicaciones federales. Pero la rapidez con que Musk se ha alineado con la Casa Blanca muestra hasta qué punto el lenguaje se ha convertido en un terreno más de la política tecnológica.
En resumen, el paso de SpaceXAI a SpaceXSI es más simbólico que técnico: no cambia los productos ni los modelos, pero sí el mensaje. Refleja la cercanía entre Musk y la administración Trump y la apuesta oficial por rebautizar la IA en plena crisis de confianza. El reto será que el nuevo vocabulario no oculte los debates de fondo sobre seguridad, transparencia y responsabilidad.