El 5 de octubre de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la creación de la Super Intelligence Force, un grupo de trabajo federal encargado de coordinar la respuesta del gobierno a la inteligencia artificial. Según reportes de Quartz y la BBC basados en The Wall Street Journal, el director de Inteligencia Nacional Jay Clayton presidirá el órgano y se convierte, de facto, en el nuevo zar de la IA de la Casa Blanca.
La carta del grupo le otorga 120 días para evaluar riesgos y oportunidades de la IA y delimitar el alcance de la responsabilidad federal. El trabajo puede prorrogarse o transferirse a una agencia permanente. Clayton, que mantendrá su cargo de inteligencia, declaró al Journal: «El riesgo de no ser los primeros es alto. No ser los primeros aumenta los riesgos identificados y no identificados, en particular de nuestros adversarios».
Tres vicepresidencias completan el liderazgo. Emil Michael, subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería, será el enlace con las compañías de IA. Scott Kupor, director de la Oficina de Gestión de Personal, se ocupará del diálogo con proveedores de infraestructura crítica y otros actores industriales. Andrew Ferguson, presidente de la Comisión Federal de Comercio (FTC), cubrirá intereses de consumidores, comunidades religiosas, defensores de menores y grupos de privacidad y libertad de expresión.
La membresía incluirá a altos cargos: el vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario del Tesoro Scott Bessent y la jefa de gabinete de la Casa Blanca Susie Wiles. En calidad asesora participarían David Sacks, copresidente del Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología, y la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice, enfocada en seguridad nacional.
El mandato pide «desarrollar planes para responder a amenazas habilitadas por la superinteligencia a nuestra sociedad, evitando al mismo tiempo la sobrerregulación y la captura regulatoria que sofocarían la innovación y la competencia». También exige auditar cómo el gobierno recibe alertas sobre brechas, hacks y jailbreaks, e identificar mejoras con poderes ya existentes.
Funcionarios citados por el Journal subrayaron que el sector privado seguirá siendo el principal gestor de riesgos, con el grupo de trabajo en un papel de apoyo más que directivo. Clayton apuntó a los modelos de riesgo financiero desarrollados junto a la Reserva Federal y la SEC como plantilla de colaboración con los laboratorios de frontera.
El anuncio llega días después de que, el 29 de septiembre, ejecutivos de OpenAI, Anthropic, Google, Meta, SpaceX y Nvidia firmaran en la Casa Blanca un paquete de compromisos voluntarios: monitoreo interno de modelos, revisiones de terceros y divulgaciones de seguridad a nivel de consejo. Ese pacto no nombró auditor, no fijó plazos ni estableció sanciones por incumplimiento.
Clayton ocupa el vacío dejado por David Sacks, quien ostentó el título de zar de la IA hasta marzo, cuando abandonó el puesto al alcanzar el límite temporal de los empleados especiales del gobierno. Trump había anticipado el nombramiento tras un almuerzo ejecutivo, diciendo a la prensa que nombraría un zar de la IA en tres o cuatro días.
El contexto político es de creciente inquietud ciudadana. Un sondeo Reuters/Ipsos citado en la cobertura indica que cerca del 73% de los estadounidenses cree que las compañías de IA han fallado en prevenir daños sociales graves. Quinnipiac había registrado un aumento de la preocupación respecto a marzo.
Para el ecosistema de frontera, la Super Intelligence Force formaliza un canal de interlocución con la Casa Blanca distinto del pacto voluntario de septiembre. Empresas, defensores de consumidores e infraestructura crítica tendrán puntos de contacto nombrados. El tono del mandato —competitividad frente a adversarios y rechazo a la sobrerregulación— anticipa una línea más permisiva que la que pedían algunos laboratorios y académicos.
Observadores europeos y de Asia-Pacífico mirarán si el grupo produce recomendaciones concretas en 120 días o si se diluye en un órgano consultivo sin fuerza. La presencia de la FTC en la mesa abre la puerta a fricciones con políticas de consumo y privacidad, mientras Defensa e Inteligencia empujan por capacidad ofensiva y defensiva en ciberespacio.
Neural Pulse seguirá el calendario de informes del grupo, cualquier prórroga y si sus funciones se transfieren a una agencia con presupuesto propio. La función práctica —auditoría de alertas de brechas y jailbreaks— puede ser más tangible a corto plazo que las declaraciones sobre «superinteligencia».
En resumen, Washington institucionaliza por fin un mando político explícito sobre la IA tras meses de vacancia. Clayton tiene cuatro meses para demostrar que el equilibrio entre liderazgo tecnológico y contención de riesgos no es solo retórica de campaña.
La nomenclatura «superinteligencia», impulsada por una orden ejecutiva previa de Trump que renombró la IA en documentos federales, seguirá generando confusión con el término técnico de sistemas más capaces que humanos. Clarificar ese vocabulario será una de las primeras pruebas de comunicación del nuevo órgano.
Para lectores en América Latina y Europa, el mensaje es geopolítico: la carrera de frontera se gestiona en clave de rivalidad estratégica, no solo de ética de producto. Gobiernos y empresas que dependan de modelos estadounidenses deberán seguir de cerca cómo la Force redefine permisos, auditorías y relaciones con los laboratorios.